Que lo que me está pasando no "me está pasando a mi".
Que no es a propósito, que es un embrollo que hay que destejer.
Y empiezo a imaginar que lo resuelvo (en mi sueño, claro)
Cuando quiero reaccionar ya estoy despierta.
Envuelta en dos o tres quilombos.
Y ahí tomo el valor, si lo puedo soñar, también lo puedo hacer.
Creo mi presente, desarmo los problemas y me enfrento al mañana.
A veces me sorprendo, nose de donde saco las fuerzas.
Pero siempre cuando más las necesito ahí están.
Quizás la vida sea un sueño conciente que vamos imaginando y creando a nuestro parecer a medida que respiramos.
En cada suspiro, en cada lágrima, en cada sonrisa.
En cada problema, en cada situación límite.
Nos enfrentamos constantemente al monstruo mayor: Nosotros mismos.
Y nos vencemos, una y mil veces.
Para reinventarnos a diario.
Vivimos mil vidas en una sola.
Ojalá sea ese el propósito,
sentir cada emoción a pleno.
Pisar bien fuerte el barro, sin dejar que nuestros pies se hundan.
Y si se llegasen a hundir, siempre siempre, con mucha fuerza, tirar para arriba.