Mientras trato de escucharme, me desoigo, me voy corriendo de mis palabras y a la vez me reinvento.
En mi vida no se admite el amor fingido, por eso te pido que no vuelvas.
Y si es posible que desaparezcas.
Ya se acabó la era del jueguito enfermo de responder a tus llamadas, de consentir tus deseos.
En esta vida siempre me reinvento y esta vez no hay forma de volver atrás.
En algún punto tengo que agradecer, porque sin tanto daño nunca hubiera sabido de la fortaleza que descansa dentro mío.
Mas observo, mas me convenzo.
Todo sucedió de la única forma que podría haber sucedido.
Y aún perdida, siento que me voy encontrando.