Cuando creímos que teníamos todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas.

jueves

Hoy me levanté automatizada.
Cuando volvía de llevar a Valen al jardín, miré a mi alrededor y me sentí en otro lugar.
Mi corazón dio un vuelco. Mi alma un respingo.
Una especie de dejavú.
El color blanquecino, las nubes, la presión, la humedad.
Una sensación ya conocida me invadió.
Quizás sea porque tengo todo revuelto y a flor de piel todavía.
Quizás sea porque todavía no lo pude resolver, ni superar.
Mientras caminaba por la calle me sentí en San Francisco y me entristecí.
No por creer estar ahí sino justamente por no estar.
Me entristecí por todo lo que no fue. Por los sueños truncados. Por Lola que no está. Por mis hermanos. Por los abrazos que me faltan. Por los gritos de Luna. Por las risas.
Me entristecí por lo que me falta. Por lo que ya no hay.
Ojo que me encantan los días nublados, pero los grises. Siempre me pusieron de buen humor. Nunca me trajeron malos recuerdos ni feos sentimientos.
Ahora el blanco niebla tiene un nuevo sentido.
El blanco niebla me hace recordar lo que no fue.
El blanco niebla me recuerda lo que falta.
Blanco. Niebla. Dolor.
Una asociación que no pensé que iba a ser posible, justo a mí que me hacen feliz los días tristes.
Nunca escribo cosas personales, pero si por esas casualidades ella llega a leerme tiene que saber todo lo que la amo. Ella tiene que saberlo. También que le perdono todo y que siempre la voy a esperar.
Cómo son las cosas no?
Uno se levanta un día y de repente atacan los recuerdos y no llego ni a ponerme el escudo que ya me arremetieron.
Mientras tomo mi café y escucho Let it be pienso que no hay nada mas certero...