Cuando creímos que teníamos todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas.

viernes

Si cada vez que miro al pasado
me quedo observando el punto fijo del dolor,
el presente se destiñe lentamente.

Lo mismo ocurre si cada vez
que pienso al futuro
le sumo una cuota de miedo y un par de dudas:
me distraen de percibir mi presente como un todo.
Y pienso, tal vez,
que el único remedio
para arremeter contra estas sentencias
sea cerrar los ojos.

Descalzarme y sentir bien fuerte el suelo.
Sentirlo como lo único que es:
el suelo que piso.
El presente inequívoco.
Lo único que hay en este instante.
El ahora personificado.

Mis pies y el suelo.
El presente sin rumbo.
Qué importa el pasado, quién sabe del futuro.
Todo lo que tengo son mis pies sintiendo el
suelo.