Mamá a veces se preocupaba de más. Otras de menos. Pero de esto en particular, de su preocupación digo, me voy a acordar siempre.
De chiquita leía mucho, leía todo lo que me encontraba, revistas, diarios, comics, libros de anatomía, del espacio. Cuentos de todos los géneros y colores. Leía hasta quedarme dormida, leía hasta que salía el sol. Leía en el changuito del supermercado, leía en la plaza en vez de acercarme a jugar con otros chicos. Leía mientras ella me hablaba. Leía en vez de hacer la tarea del colegio. Leía lo que yo quería, no lo que me imponían, ojo. Siempre por ahí. En el único lugar donde no podía leer era en el auto. Me mareaba tan fuerte que siempre terminaba vomitando, pero no palabras ni pensamientos, sino la comida previa. Leía tanto que mamá se preocupaba. "No es normal", "algo le pasa", "se está evadiendo de la realidad".
Y la verdad es que un poco de razón tenía. No en su preocupación, sino en su última afirmación. Leer, para mi, siempre fue un boleto de ida a mundos inimaginables. Leer para mi siempre fue la puerta de escape. Un salvavidas en medio de un mar turbulento. Una estrella en la oscuridad de la noche. Leer como medio de transporte. Leer como medida de salvataje.
Mamá, hiciste bien en preocuparte. Pero estoy a salvo, nada ocurrió. Solo me iba de viaje con mis protagonistas a mundos increíbles, lejos del lío que había en casa. Lejos de la cotidianeidad que me aburría. ¿Es que acaso hay algo más placentero que viajar sin moverse de donde se está?
Gracias por preocuparte mamá. Hoy estoy bien, tengo en mi haber galaxias innombrables, paisajes soñados, atardeceres perfectos. Mil historias y algunas despedidas. Corazones que se rompieron y un caudal de lágrimas que bien podrían llenar una pileta de natación (o dos). Risas para alimentar energéticamente a 100 ciudades de Monster Inc. Deseos como estrellas hay en el cielo.
No tenés que preocuparte más, mamá. Ahora soy una experta. Los años me obsequiaron el don de la suspicacia, ya no me fío de cualquiera. Y me sigo yendo, má. Me vuelo por ahí: a veces al pasado, a veces al futuro. Pero siempre vuelvo.