Cuando creímos que teníamos todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas.

jueves

Min y Lure

Lure miró su reflejo en el agua. Una lágrima lo rompió y miró al cielo.
¿Por qué? -se preguntó- ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? Quisiera que fuera como mirar este reflejo en el agua. 

Un pequeño ruido interrumpió sus lamentos. Era Min.
Min era el duende de Lure. Viajaban juntos hacía mas de mil años.
Lure se incorporó y guardó en su bolsillo las hojas que habia recogido en el bosque. Las necesitaria luego para reforestar el bosque de su hogar, al fin y al cabo vinieron a la tierra por una sola razón: lograr que su hogar volviera a la normalidad. 

Un mago maldito había eliminado la naturaleza de su planeta, no tenían tierra ni agua ni sol ni luna. Solo habia polvo. Un polvo gris que entristecía a todos.

- ¿Encontraste algo? -Preguntó Min.

- Hojas de eucalipto. 

- Pues habrá que seguir un poco más.

Lure miró al horizonte y observó el atardecer. Min le agarró la mano y tiró de ella.

- No perdamos el tiempo, siempre te quedás mirando las cosas que hay en este mundo como si fuesen maravillas y sabés que no lo son. Simplemente son cosas.

- No, no son "simplemente cosas" -refutó Lure- Son maravillas Min, ¿no lo ves? En casa el sol no se oculta de este modo. Y, ¿haz visto cuándo sale? Nunca es igual, siempre es distinto: los colores, las dimensiones, el lapso de tiempo que tarda en aparecer el resplandor. ¡Nunca es igual!

- Que cada vez sea diferente no lo convierte en maravilla Lure. Vamos que nos quedamos sin luz, hay que seguir. Todavia no encontramos un halo de comunicación. Sé que en este bosque hay uno cerca, pero no logro rastrearlo. ¿Vos sentís algo? -Preguntó Min.

- No. -contestó Lure secamente.

- Vamos, no te enojes otra vez.

- No estoy enojada.

- Bueno entonces ayudame a encontrar el halo comunicador.

No -respondió cortante, mirando hacia un costado.

- ¿Cómo que no? -Preguntó Min sorprendido.

- No quiero irme a casa. Este lugar me encanta. Hace siglos que lo recorremos y nunca deja de fascinarme. Hace siglos que vagamos por los bosques y nunca son iguales. Nada es monotono aquí, no lo ves Min? Este lugar es tan mágico como nosotros, no creo que sea coincidencia que estemos acá nosotros dos, en este momento.

- Yo tampoco creo que sea por coincidencia, sino porque tenemos una misión. ¿O ya ñp olvidaste? ¿O no te importa que estén esperandonos en casa? Estoy de acuerdo con vos, este lugar es fantástico, hermoso, místico. Pero no es nuestro hogar. -Remarco la última frase con una tristeza nostálgica- No pertenecemos aquí. Seguimos con vida porque seguimos conectados al halo de comunicación. Vamos Lure, no te pongas caprichosa otra vez.

- No es un capricho Min. ¿Nunca sentiste que no encajabas? ¿Nunca tuviste la necesidad de encontrar tu verdadero lugar? Porque así me siento ahora, acá en esta tierra. ¿Sentís el olor? Mirá lo que pasa si la mojo. ¿Ves como cambia? Sentí, ¿no es algo maravilloso? En casa no pasan estas cosas...

- Porque nuestro hogar es diferente Lure, hay cosas maravillosas, pero simplemente son diferentes. -Min comenzaba a ponerse cabrón. Y no hay nada peor que un duende cabrón- Vamos Lure, busquemos ese halo porfavor sino no vamos a existir mas ni acá, ni en casa, ni en ningún lado. Pasaremos al No-Existe plano.

- Falacias -retrucó Lure- Ese maldito plano es un puro cuento que usan en casa para que siempre volvamos. No seas vos también un iluso. 

Min llamó al silencio. No quería discutir. Las discusiónes con Lure eran interminables, cuando algo se le metía en la cabeza era imposible correrla de ese lugar. Así que se sentó a esperar que ella apreciara ese atardecer.
Lure sabía lo que Min estaba haciendo y es por eso que lo queria tanto. 

-Vamos Min, el halo está a unos 200 metros de acá -Le dijo con una sonrisa.

El se reincorporó y tomó su mano. 

- A mi también me gustaría vivir acá Lure. Pero me falta todo. No es mi hogar, no lo siento como tal. Mi familia no está acá.

- Nosotros somos familia-retrucó Lure.

- Si Lure, pero ya sabes a que me refiero. Quiero salvarlos. No puedo dejarlos hechos polvo. Tenemos que salvar Mielark.

Lure hizo una extraña mueca era como una sonrisa truncada, algo pensativa.
- Podriamos ir a buscarlos, convertirlos de nuevo con mi hechizo y traerlos acá y repoblar este lugar. Es muy hermoso para que esté así de vacío...

- Basta Lure, dejá de soñar. Me ponés nervioso. Aparte todavía no encontramos el libro Sagrado. Recién ahí podríamos llegar a imaginar algo de esto... Pero no será mas que eso, imaginar. 

- Vamos Min, dejame ir más allá de mis sueños, lo podemos lograr, vos sabes que nosotros dos, juntos, como equipo somos... 

- ¡BASTA! -cortó Min la oración de Lure con un grito casi agónico- Basta Lure, no quiero pensar en eso, solo quiero cumplir nuestra misión, llevar la naturaleza a nuestro planeta muerto y volver a abrazar a Sarahiya. Es todo lo que quiero. Deja de querer romper nuestro objetivo, por favor te lo pido, como tu mejor amigo. Me hacés mal. 

- Lo siento Min, no quiero ponerte mal. Sé que la extrañas. Pero comprendeme, yo no tengo a quién extrañar...

Min la miró y se sintió apenado. La abrazó y juntos fueron caminando hacia el halo de comunicación. Había que llevar esas hojas a casa.